viernes, febrero 18, 2011

CENOTE (Yucatán)


Hoy fuí a conocer los cenotes (con "C") en Yucatán. Subo por ahora esta extraña foto, que me recuerda alguna escena de El Bosco o de la Divina Comedia.

sábado, enero 22, 2011

El Derecho a la Contravía


Esta foto trae a mi memoria otra que ya había subido antes a uno de mis blogs

viernes, enero 14, 2011

EL GRAN FESTÍN

¡Disfruten tranquilos, que pa'todos hay!

lunes, enero 03, 2011

01/01/2011

El primer atardecer del año 2011 en Bogotá





sábado, enero 01, 2011

YIN y YANG

Bajo la densa luz metálica del altiplano andino, mis sombras y yo construimos nuevas maneras de conocernos y relacionarnos. Yo descubrí que ellas son mucho más que unas siluetas planas, que unas veces me siguen y otras me preceden; y ellas descubrieron que yo soy mucho más que un objeto opaco que les tapa la vista y las protege de las radiaciones solares. A partir de que mis sombras adquirieron volumen (en sentido espacial y en sentido sonoro) se han convertido en mis cómplices, confidentes y compañeras de viaje, salvo cuando voy a Lima, a donde por alguna razón a mis sombras les prohíben la entrada. Mis sombras suelen mantener entre sí unas relaciones armónicas, pero a veces -también- surgen las discrepancias o los celos... a pesar de mis intentos por impedir que en nuestro triángulo se interponga la sombra de la duda.

Sombra con Sombra

"Muchas crisis de la mitad de la vida tienen lugar porque una cantidad excesiva del sí-mismo se ha guardado bajo llave en la sombra, donde ha permanecido sin vivir. Si la situación se prolonga, la personalidad se aniquila. De hecho, cuando la individuación se detiene, al individuo le invade la sensación de inutilidad, de perder el contacto con el sentido, de no vivir ya en su propio mito personal."

Anthony Stevens en "Jung o la búsqueda de la identidad" (1994)

Rotación

"Fausto y Jeckyll nos fascinan porque, en cierto modo, son héroes: se atreven a relacionarse con la sombra en vez de comportarse como hacemos la mayoría de nosotros, como Dorian Gray: luchamos para exhibir una persona inocente ante el mundo, al mismo tiempo que guardamos nuestras cualidades ocultas con la esperanza de que nadie descubra que están ahí."

Anthony Stevens en "Jung o la búsqueda de la identidad" (1994)

sábado, diciembre 25, 2010

sábado, octubre 30, 2010

DREAM PEACE


DREAM PEACE
Gustavo Wilches-Chaux

Con el recibo del agua llegó un cartón impreso y plastificado, en cuyo interior estaba adherida una cápsula verde, de esas de material digerible en que suelen venir los antibióticos.


El cartón promocionaba la nueva maravilla que traía la cápsula: Dream Peace (un nombre que, de manera muy libre, se podría traducir como “la paz soñada”).


Dream Peace, de acuerdo con la propaganda, pone en nuestras manos “secretos pertenecientes a antiguas culturas milenarias” y según la propaganda sirve, entre otras muchas virtudes, para combatir el stress, mejorar la concentración, agudizar los sentidos, limpiar el hígado, retardar el alzheimer, aliviar la artritis, evitar las agrieras e incrementar la potencia sexual “hasta límites desconocidos”.

El cartón tenía de fondo un paisaje de las cumbres andinas, y en primer plano la silueta de un supuesto sacerdote indígena, ofreciéndole al Dios Sol un tributo de yerbas y de agua.

Le mostré a un amigo el cartón con la cápsula y me dijo: “¡Noooo, qué cuentos de Dream Peace! ¡Eso es pura perica, hermano! ¡Pura cocaína! Preste le muestro. A mi casa también llegó esa vaina”.

Mi amigo, que tiene por qué saberlo, separó el plástico del cartón, retiró la cápsula, la destapó y liberó sobre la mesa un polvo blanco que sí, al menos en su aspecto exterior, parecía cocaína: “Mire hermano: lo que antes se llamaba una dosis personal ¡Un pericazo!”.

“Lo berraco”, me dijo, “es que hasta hace diez años había una guerra para impedir que esto se produjera y se vendiera libremente, y ahora la regalan con las cuentas del agua”.

Efectivamente, hacía una década habían legalizado el comercio de sustancias sicoactivas, enteógenas y similares en casi todos los países del mundo (faltaban unos pocos, que estaban a punto de ser sometidos a sanciones comerciales).

Muchas voces habían insistido antes -sin éxito- en la legalización de las drogas, pero se necesitó que varias compañías multinacionales (algunas, fabricantes de medicinas y sustancias químicas; otras, empresas tabacaleras; otras, de la industria de la recreación y del ocio), presionaran ante los gobiernos y ante las Naciones Unidas para que se abolieran las normas que las hacían ilegales.

Después de la presión para la legalización, las mismas empresas (y los gobiernos de los países en donde sus casas matrices tienen las sedes principales) comenzaron a presionar a los países productores para que les otorgaran el monopolio del cultivo, del procesamiento y de la comercialización de esas sustancias y sus derivados.

Algunas obtuvieron a su favor registros de propiedad intelectual sobre muchos de esos derivados, incluso sobre algunos cuyo uso clandestino ya estaba extendido antes de que los declararan legales. Cuando uno de por aquí, que había pagado varios años de cárcel, alegó que si alguien tenía derecho a esas patentes era él, pues había estado preso precisamente por procesar y exportar esos productos, lo rebatieron con el argumento jurídico de que nadie puede alegar a su favor su propio dolo.

A partir de que las multinacionales adquirieron ese monopolio, como por arte de magia comenzaron a aparecerles una cantidad de propiedades milagrosas a los productos recién legalizados, y su consumo se volvió casi obligatorio en los círculos sociales, si uno quería "estar en algo".

Y sucedió exactamente lo que desde hacía mucho tiempo venían pronosticando los estudiosos del tema: cuando las drogas se legalizaran, automáticamente bajaría el precio, las utilidades del negocio se reducirían a sus justas proporciones y se eliminaría ese motor de la violencia, el sufrimiento y la criminalidad que era el narcotráfico. Esa palabra se convirtió en un fósil del lenguaje y el país, por fin, comenzó a disfrutar la paz soñada.

Esa muestra promocional estaba llegando con la factura del agua, porque la misma empresa que consiguió en esta parte del país el monopolio para el cultivo, el procesamiento y la comercialización de la coca y la amapola, adquirió por cien años los derechos exclusivos de explotación de los mantos acuíferos y de los nacimientos y los cuerpos de agua. Y junto con ellos, el control de todos los acueductos y las redes de alcantarillado. Al país le corresponde garantizar que esas fuentes de agua no se acaben y, en caso contrario, indemnizar a las concesionarias.

Yo pensaba en todo esto mientras hacía una larga cola que culebreaba desde la puerta hasta la ventanilla donde se paga el agua, en un recinto enorme con televisores colgados de las paredes para distraer a los usuarios mientras dura la espera. Periódicamente pasaban comerciales de Dream Peace, en donde aparecían en video hermosas imágenes, como la que tenía impreso el cartón que me llegó con la cápsula.

Durante las dos horas largas que estuve allí parado, alcancé a ver varios de esos comerciales, un “reality involuntario” de cuatro parejas que llevan una semana atrapadas en el ascensor de un edificio, convencidas de que de verdad los bomberos están intentando rescatarlas, y un programa-noticiero sobre los únicos pocos factores de perturbación del orden público que todavía persisten en este país, que hasta hace pocos años parecía condenado a padecer la guerra eterna.

El presentador mostraba y comentaba esos factores de conflicto: campesinos aislados que insisten en perforar pozos de agua, en construir acueductos clandestinos, en tomar el agua directamente de sus nacimientos y en violar los derechos de las empresas multinacionales (y claro: los de sus usuarios), lo cual se traduce en distorsiones intolerables que afectaban la pureza del agua, el buen nombre del país y la transparencia del mercado.

Decía también el presentador, que entre otras medidas para combatir la explotación ilegal de los recursos de agua, se establecieron controles especiales para la fabricación y comercialización de las mangueras de polietileno (con que antes se construían los acueductos veredales), un elemento esencial para la consumación de esos delitos. “Mangueras precursoras”, las llaman los organismos de seguridad en el argot investigativo.

Y terminaba afirmando el presentador que, afortunadamente, en nuestro sistema todo es fuente de progreso, y el inconveniente descrito hizo que llegaran al país empresas extranjeras de seguridad privada, que ahora se encargan de combatir a esos nuevos delincuentes, generan empleo, incorporan brazos que quedaron ociosos cuando se reinsertaron a la vida civil los guerrilleros y los paramilitares, y fortalecen la capacidad de nuestro gobierno para ofrecerles tranquilidad a los ciudadanos pacíficos, y para proteger su derecho a comprar agua enriquecida en -y por- el libre mercado. Como en los países civilizados.

- ¿Va a comprar Dream Peace?-, me pregunta la señorita cuando alcanzo la ventanilla y le paso la plata. –Se le hace un descuento en el valor de la factura si lleva mínimo un frasco.

Yo, que me he vuelto un cascarrabias, me olvido de las advertencias de mi mujer y de mis hijos, me salgo del cuero y me riego en un alegato inútil contra todo lo divino y lo humano. La señorita ni se frunce, me recibe la plata y me devuelve la factura con el sello de pago.

Cuando me alejo de la ventanilla, me doy cuenta de que mi imagen está en todas las pantallas de televisión y de que todo el mundo ha visto y oído mi alegato airado. Mientras avanzo hacia la calle, la gente se aparta de mí aterrorizada, como si acabara de asaltar a la cajera y estuviera retrocediendo con un arma humeante.

Cuando llego a la puerta me interceptan dos celadores de una de esas empresas de seguridad privada que defienden los intereses de las empresas de agua (y los de sus usuarios, claro).

- Sus papeles, caballero-, me dice uno de los hombres con tono amenazante.

- Ese hombre es peligroso-, le grita al celador una señora. –Un enemigo de la paz. ¡Tenga cuidado!

Ese es mi último recuerdo. No sé qué pasó de allí en adelante ni como vine a parar a esta cárcel. En la cabeza tengo un chichón: me duele mucho.

En la pared de la celda hay una televisión que pasa comerciales de Dream Peace -la paz soñada-, y en los intermedios, imágenes del “reality involuntario” de las parejas atrapadas desde hace una semana en un ascensor, convencidas de que los bomberos intentan rescatarlas.

La misma empresa multinacional es la dueña de la cárcel.

Un guardia me da la buena noticia de que los honorarios del juez y el valor del alojamiento y de la alimentación durante los ocho días que pase recluido en esa celda, me pueden ser diferidos en cómodas cuotas, en el recibo del agua.

“Es que nosotros somos client oriented”, me dice con una sonrisa blanca y amable, que contrasta con la tosquedad del que me dio el garrotazo en el punto de pago.

Increíble que pertenezcan a la misma empresa.

Bogotá, Julio 5 del 2024

Este relato forma parte del libro “El Universo amarrado a la pata de la cama” publicado por Villegas Editores (Bogotá, 2004)

sábado, octubre 02, 2010

GALLINAZOS DEL COMBEIMA


El definitivo 'Rey de los Gallinazos'

Un huevo muy grande para empollar... para gallinacear








Un poco de rojo

OTROS CHULOS:

miércoles, septiembre 08, 2010

domingo, agosto 29, 2010

DE LA CÁMARA DEL CELULAR

NUBE FUTBOLISTA

BUHO

VENTANA

X TALLAS

GANCHO

SÓLO MUJERES EMBARAZADAS

RETROVISOR

TRES TRISTES TRANSPORTADORES TRABADOS ENTRE SÍ CUANDO TRATABAN DE TRASPASARSE

jueves, agosto 26, 2010

CHULOS,GALLINAZOS, ZOPILOTES o GALEMBOS

Gracias al doctor Henry González y a su señora, que me llevaron en Armenia a visitar estos amigos comunes.

domingo, agosto 01, 2010

Águila que sueña con volar con los chulos

VIRTUDES

Los seres humanos heredamos nuestras mejores virtudes de los animales:

Del gallo la gallardía...

Y del caballo la caballerosidad.

(Maestros de virtudes en la cuenca del Combeima)