viernes, octubre 23, 2015

¡¡¡CÓMO PASA EL TIEMPO!!!


Cómo pasa el tiempo: a mi nieto ya le dieron llaves de la casa...



Lo que todavía no pasa es la distancia

domingo, septiembre 27, 2015

DESORIENTACIÓN TOTAL. Y finalmente el bobo apareció...


Desorientar: "1.Hacer que alguien pierda la orientación o el conocimiento de la posición que ocupa geográficamente o topográficamente. 2. Confundir, ofuscar, extraviar." DRAE

Más precisamente, perder el oriente.


El 20 de Septiembre en la cuenta de Twitter @RELIGIONyCLIMA vi esta fotografía tomada al amanecer, en la cual lo que parece ser el sol naciente, se asoma en la esquina entre el Capitolio y el colegio San Bartolomé. 

Me llamó la atención porque en esa fecha cayó este año el Equinoccio de Otoño para el hemisferio norte y de Primavera para el sur. En los equinoccios el sol sale exactamente por el oriente y se oculta por el occidente, y la duración del día y la duración de la noche son iguales. Vale decir que esas particularidades son más o menos válidas para todos estos días, entre el 19 y el 25 de Septiembre (como ocurre también entre el 19 y el 25 de Marzo).

La esquina de la Plaza de Bolívar por donde, a partir de la foto de arriba, muy confundido supuse que el 20 de Septiembre había salido el sol

En mi cuenta de Twitter escribí sorprendido -y apresurado- el siguiente tuit: "Ahí vemos muy bien dónde queda el oriente. Sept 21: Equinoccio"

Llevado, entre otras razones, por la curiosidad, el 23 fui a la plaza y brújula en mano comprobé que, efectivamente, el oriente queda en dirección a Monserrate. ¿Cómo podía entonces el día 20 haber salido el sol tan cerca del sur?

En esta toma de Canal Capital creí ver por dónde se estaba ocultando el sol el 22 de septiembre. La misma esquina de la foto de abajo. Mi confusión seguía siendo total: esto indicaría, absurdamente, que en su aparente recorrido diurno el sol estaba haciendo un arco sobre el Capitolio Nacional.


Y el bobo apareció:
Hoy 27 de septiembre, revisando de nuevo el Twitter de @RELIGIONESyCLIMA, encuentro esta foto de Adriana Mejía que aclara el misterio de mi imperdonable desorientación: 

¡Qué verguenza! En la primera foto de arriba lo que pensé que era el sol resultó ser un reflector. Y lo mismo sucedió con la toma de Canal Capital: otro reflector (que ya sabiendo, se ve claramente en la foto diurna).

No puedo menos que recordar la historia de un bobo que se perdió y en su angustia repetía: "Dios mío, Dios mío: que yo aparezca". Bueno: como el bobo del cuento, finalmente aparecí. Menos mal.

Más allá de la vergüenza que siento, este episodio me ha llevado a varias reflexiones y a entender en pluma propia la vivencia cada vez más común de las aves que se desorientan por las múltiples formas de contaminación electromagnética que existen hoy en el planeta, una de ellas la contaminación lumínica. Para ellas esa desorientación implica en muchos casos la muerte.


El sol ocultándose ayer 26 de septiembre, exactamente por el occidente (justo encima del volcán Nevado del Tolima como lo vemos desde Bogotá). 
De este no me cabe la menor duda de que es el sol y no un reflector

Septiembre 23: el sol se oculta por el occidente (derecha en la foto) y se ponen coloradas las nubes al norte

martes, agosto 04, 2015

La caída del mundo y la derrota del LTPLT


 Desde antes de que el LTPLT hubiera sido incluido por las Naciones Unidas en su lista de organizaciones terroristas ya estábamos derrotados. Escribo este comunicado desde las montañas de internet, en una inútil e innecesaria clandestinidad. Estoy seguro de que la organización está infiltrada y de que las mentes de nuestros compañeros más intransigentes y radicales están en su poder.

Comenzaron a llegar masivamente desde hace más de medio siglo procedentes del planeta Acrón. Creo que nosotros mismos los trajimos en los inicios de la llamada “carrera espacial”, aunque no me cabe duda de que sus primeros exploradores ya habían estado aquí. 


Una prueba –no contundente- de ello, es el símbolo del pez (ichthys) que los primeros cristianos utilizaban para reconocerse entre sí y para huir en lo posible de la persecución. Nada tiene que ver con el supuesto origen extraterrestre de Jesús, sino con la evocación encriptada en ichthys a Iesous Christos Theou Hyos Soter: Jesucristo Hijo de Dios Salvador.

Los observadores de OVNIS/UFO (Objetos Voladores no Identificados / Unidentified Flying Objects), al igual que los investigadores de los proyectos SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) que se dedican a monitorear ondas electromagnéticas procedentes del cosmos en busca de algún segmento que pueda interpretarse como “una señal”, no sólo no han encontrado nada, sino que ni siquiera se han dado cuenta de que se han convertido en otros vectores efectivos del virus de Acrón.



Hoy ese virus está en todas partes, pero especialmente hace sus estragos en los centros de investigación, en las instituciones académicas, en las oficinas estatales, en las ONGs y en otras organizaciones y movimientos sociales y sindicales. Y claro, en las agencias del Sistema de Naciones Unidas, las mismas que nos incluyeron en su implacable listado del terrorismo internacional.

Oponerse al virus y pretender combatir sus efectos no se castiga con el exterminio físico del anarquista sino con la condena general a la invigencia y la exclusión. Porque desde hace varias décadas el virus ha logrado inyectar masivamente su ADN en las células humanas y ha convertido a una gran parte de nosotros en unos esclavos que no solamente ignoran esa condición, sino que se sienten orgullosos de ser –inconscientemente- vectores y al mismo tiempo verdugos al servicio de Acrón.


Yo he tomado la decisión de revelarme y rebelarme sin más dilación. Conozco bien las consecuencias a que me expongo y ya fui objeto de las primeras y duras agresiones por parte de los mismos compañeros del LTPLT, cuando me vieron dibujando unas pancartas en las que, en lugar de esas cinco letras que infunden temor cuando aparecen en banderas, brazaletes, capuchas y comunicados, escribí el nombre completo –y para muchos olvidado- de nuestra organización:

LA TIERRA PARA LOS TERRÍCOLAS

Me niego rotundamente a seguir siendo un acrónimo (gentilicio de los nativos y de los esclavos de Acrón).

Gustavo Wilches-Chaux
Bogotá, 10 de Mayo de 2015




jueves, junio 18, 2015

UNA CARTA

Este cuento forma parte de mi libro de "relatos verídicos de ciencia ficción" titulado "El Universo amarrado a la pata de la cama", publicado por Villegas Editores (Bogotá, 2004). Lo subo hoy a este blog a raíz del bello artículo "Cartas recomendadas" de Juan Esteban Constaín (en Twitter @Aulogelio)


Papá, mamá:

Dos malas noticias: la primera,  me asignaron a comandar una nave totalmente anticuada. Con decirles –por favor no se burlen- que utiliza como combustible plasma estelar. Aunque es una belleza, a decir verdad. Un maravilloso clásico de la navegación espacial. Me sorprende que todavía esté en condiciones de volar.

La segunda: como a los habitantes de la Vía Láctea hoy nos están exigiendo visa para viajar a cualquier otra galaxia, incluyendo a nuestra vecina, la Nebulosa de Andrómeda, dados los antecedentes de la mayor parte de los miembros de la tripulación que voy a comandar, tenemos la certeza de que nos la van a negar. 

Por eso hemos recibido instrucciones de viajar de manera clandestina y de ingresar al grupo galáctico de Virgo por el agujero negro que quedó oficialmente clausurado, para todos los efectos, luego de que la última banda de contrabandistas de antigravitones supuestamente quedó desmantelada. Desde entonces casi nadie se atreve a aventurarse por ahí, y dicen que los pocos que lo han hecho han quedado extraviados entre la dimensión 418 y la 716. Las autoridades intergalácticas ordenaron cerrar el agujero sobre sí mismo, como las antiguas botellas de Klein, de manera que, al menos teóricamente, quienes penetren a él se quedarán atrapados ad aeternitas en un laberinto de dimensiones autocontenidas.


Ahora las buenas noticias, que ustedes ya habrán sospechado: teóricamente los que ingresan allí deberían quedar atrapados, pero en la práctica no. Esa especie ha sido difundida por las autoridades como parte de su estrategia para evitar que el agujero negro vuelva a ser utilizado como corredor de comunicación. Pero nosotros no vamos a ser los primeros en desafiar esa prohibición.

Sabemos que si bien es cierto que el agujero ha sido sellado hacia su propio interior, nuevas bandas de contrabandistas y de piratas de quarks han descubierto y aprovechado lo que en física se llama el “efecto colador”: una red de túneles que conectan entre sí las porosidades subatómicas del agujero negro, con lo cual es posible saltar hasta la dimensión 967,  y a veces hasta aún más allá.

Allí, como ustedes saben, no existen ni gobierno ni ley. Una vez lleguemos -ya los contactos están asegurados- nos introducirán al grupo de Virgo como si fuéramos parte de un equipo de Inspectores Especiales de la Autoridad Imperial. No fue difícil conseguir los uniformes y los dispositivos de reconocimiento molecular, porque la autoridad está totalmente infiltrada. (Es más: sospechamos que los mismos que inventaron esos sistemas de control, idearon al tiempo la manera de violarlos, lo cual hizo del control un negocio triplemente rentable, que les produce a los controladores jugosas ganancias cuando funciona, pero muchas más cuando deja de funcionar). 
                          

Si tenemos éxito, si no nos asaltan primero los contrabandistas de antigravitones, a los que les tenemos casi tanto miedo como a la Guardia Imperial, lograremos introducir a esa región del espacio un cargamento importante de imaginación que, estamos seguros, se difundirá por todas las galaxias del grupo de manera automática. Quién lo creyera: los más ávidos de imaginación son los robots.

Los gobiernos de las otras galaxias saben que la Vía Láctea es un criadero de imaginación y por eso mismo, entre otras medidas,  a través del requisito de la visa, intentan restringirnos el derecho a viajar y a comerciar. Saben que tarde o temprano la imaginación puede tumbar al Imperio, cuyo verdadero poder, paradójicamente, existe sólo en nuestra imaginación. El Imperio se nutre del mismo enemigo al que pretende eliminar.

Como nosotros, los habitantes de la Vía Láctea, hemos descifrado su juego y conocemos su vulnerabilidad, nos consideran peligrosos e indeseables.

Se preguntarán ustedes por qué para una misión tan arriesgada han asignado una nave obsoleta. La respuesta es: una nave así no despierta sospechas. ¡Quién podría pensar que una nave tan destartalada, con una tripulación cuyo estado le hace honor al desvencije de la máquina (incluyendo, tengo que confesarlo, a quien la va a capitanear), transporta un cargamento letal de imaginación!

Por favor, mandenme buena energía; deseenme toda la  suerte que voy a necesitar.

Me comunicaré nuevamente con ustedes cuando regrese del viaje.

¿Recuerdan esa época, cuando todavía el hecho de que estuvieran muertos era un obstáculo que hacía imposible la comunicación entre nosotros?

¿Quién podría volver a afirmar ahora que todo tiempo pasado fue mejor?

Los quiere y extraña,

(Sigue una rúbrica, ilegible y enredada)

Posdata: Si no lográramos atravesar el agujero, lo peor que podría sucedernos sería quedar atrapados en algún pliegue espacio-temporal, pero hemos dejado una buena reserva de imaginación para poder escapar en caso de necesidad.

………………………………………………………

 
Mi mujer y yo encontramos esta carta en el fondo falso de un armario viejo que compramos hace años, cuando desmantelaron una casa-museo que hasta hace unas pocas décadas existió en Popayán. En ese momento logramos tener acceso también al caparazón de lata de un filtro para agua que incrustamos en la pared de nuestra casa en Popayán, y a un frasco grande de vidrio azul, cuya utilidad original no hemos podido determinar.

Se nos escapo una colección de puros o calabazos de cuellos retorcidos de manera aparentemente caprichosa que colgaban de las paredes de la cocina de la casa-museo (cocina en donde se encontraba el armario), y con los cuales, siempre lo sospechamos, se hubiera podido armar un alambique enteramente vegetal. Quién sabe a qué manos afortunadas habrán ido a parar.

Cuando lo compramos, el armario estaba casi totalmente perforado por túneles de comején, y cuando desensamblamos sus partes para hacerlo reparar e inmunizar, entre dos tablas encontramos un fajo de escrituras públicas escritas a mano y amarradas entre sí con una tira de cáñamo, fechadas todas entre 1869 y 1873. Algunas de ellas tampoco habían escapado a la voracidad de los insectos, y otras les sirven de casa –todavía- a los pescaditos de plata.

La carta es uno de los dos únicos documentos que no están escritos en papel sellado sino en hojas comunes, a las cuales el tiempo y la humedad les han otorgado un color y una textura similares al del papel sellado de las escrituras públicas.

Carezco de la experticia necesaria para determinar si el calígrafo de las escrituras es el mismo autor de la carta, pero sin duda alguna los trazos corresponden a la grafía de la época, y lo mismo sucede con la rúbrica al final, y con el otro documento escrito en papel común que encontramos entre las escrituras públicas, cuyo título comienza “Sermón que he de pronunciar”. Al igual que los demás documentos, está escrito con tinta sepia, o que a lo mejor fue negra y el tiempo volvió de ese color.

No hemos podido saber con exactitud quiénes son ni el remitente ni los destinatarios de la carta; ni siquiera si es una carta verdadera o no; y en el primer caso, si es el original enviado y recibido por los destinatarios, o si es una copia que el o la remitente dejó para su archivo personal. El único indicio de que la carta pudiera ser la original, es que la encontramos con huellas de dobleces, como si hubiera viajado en un sobre que desapareció.

En cuanto a las escrituras hace referencia, no todas versan sobre los mismos predios ni en todas intervienen los mismos firmantes, aunque todas sí han sido otorgadas ante notarías de Popayán, y se refieren a terrenos situados en distintas regiones del Cauca: la mayoría en la cordillera oriental y un par de ellas en la Costa Pacífica. (El “Sermón que he de pronunciar”, en cambio, parece haber sido escrito por el párroco de un pueblo de Cundinamarca).

Cuando volvimos a la que fuera sede del museo, en donde hoy funciona la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de Popayán, con el fin de averiguar más datos sobre el origen del armario, ya no encontramos quién se acordara de ese mueble ni quién nos diera razón sobre alguna persona que, eventualmente, nos pudiera ayudar. Es más: algún funcionario recién trasladado de otra parte, nos dijo categóricamente que allí solamente se entendían con bienes inmuebles y a nosotros, francamente, nos dio jartera ponernos a explicarle. Dejamos así.

Dicho sea de paso, esa es una de las casas más bellas y plácidas que quedan todavía en Popayán.

domingo, junio 07, 2015

Madonna con Niño...


 Madonna con Niño...

... y avión

EL OSO QUE LLEGÓ AYER A BOGOTÁ


Y nadie salió a recibirlo, ni lo declararon "huésped ilustre", ni nada
(Luces de abajo: Eldorado)

sábado, mayo 16, 2015

¡MINUTOS! ¡MINUTOS!

Este relato forma parte del libro "El Universo Amarrado a la Pata de la Cama", publicado por Villegas Editores (Bogotá, 2004)


Esa calle, que otrora fuera uno de los jugaderos de una de mis múltiples infancias, hoy, día y noche, vive atiborrada.

De carros y de gente. De miseria. De billete.

Te piden de todo y te ofrecen de todo: lapiceros Mont Blanc y relojes Rolex (por supuesto imitaciones). Lustrada de zapatos, aunque vayas con tenis. Me imagino que si pasas descalzo, te ofrecerán un pedicure o un masaje. Que de hecho lo ofrecen: “¡Chicas! ¡Chicas!”. Sujetos con esmoquin que reparten tarjetas. De vez en cuando aparece alguien a venderte un DVD player o un juego de herramientas.

Sobre el andén, en mantas de colores, los artesanos exhiben manillas trenzadas, collares y argollas. Alguno dibuja con candela rodeado de público.

El comercio formal se divide entre bares, almacenes de ropa deportiva, sex shops, establecimientos de comida rápida, restaurantes de moda (con decenas de escoltas a la espera) y uno que otro local con libros y artefactos de la Nueva Era.

De un tiempo para acá, entre los vendedores ambulantes, han aparecido tipos y muchachas que te ofrecen “minutos”.

Yo, por principio, me negaba a comprarles. Me parecía que era rendirme ante la violación de mis derechos más fundamentales.

Cada vez hay más vendedores y vendedoras de minutos, y cada vez hay más gente que les compra. Gente que hace cola para someterse a ese negocio, redondo e infame, del cual, por supuesto, los vendedores callejeros son apenas un instrumento. Y otras víctimas.

Como les decía, yo me había negado sistemáticamente a unirme a esa cadena miserable. Pero hoy, parado en esta esquina, rodeado de carros y de gente, bajo un sol canicular que me incinera la cabeza, siento una opresión creciente en las costillas y una urgencia irresistible de comprarles.

De pronto me veo a mí mismo, en contra de mis principios, parado en una de esas colas.

-       Dame veinte minutos-, le digo a la muchacha de bluyín descaderado, que me pasa un pequeño envase plástico, con un paisaje suizo en la etiqueta.

-       ¿Con válvula o sin válvula? – me pregunta.

-        Con válvula-, le digo como con vergüenza. – Es la primera vez que compro.

-        Las instrucciones están en el envase-, me dice de manera mecánica mientras recibe la plata.

Levanto una lengüeta, como indican las instrucciones, y pego la nariz al envase.

Espero que esos veinte minutos de aire me alcancen para llegar hasta mi casa.

Paro un taxi.


sábado, abril 18, 2015

GONZALO PALOMINO ORTIZ


Con motivo de la apertura de la Cátedra Ambiental que lleva su nombre en la Universidad del Tolima

No me ha quedado fácil recordar cuándo se convirtió Gonzalo Palomino en un referente de mi vida, porque me da la impresión como de que siempre ha estado ahí.

Tiene que haber sido, sin embargo, cuando en la mitad de mi carrera de Derecho, con motivo de la aparición del Código Ecológico, comencé a preparar mi tesis sobre Derecho Ambiental.

O a lo mejor fue después. Perdonarán la imprecisión.

En la foto: Alberto Núñez, Miguel Thomas, Gonzalo Palomino

Aunque realmente no importa cuándo fue. El caso es que, al menos en esta parte del mundo, existía entonces muy poca información sobre el tema, con la visión integradora que diferencia a la Ecología de las ciencias que se especializan en aspectos particulares de la Vida, pero que no facilitan entenderla como totalidad. Ni que decir de la ausencia casi total de bibliografía sobre el ambiente desde el punto de vista legal, político y social.

Lo que había, de alguna manera, estaba implícito en el mismo Código de Recursos Naturales y Protección al Medio Ambiente, esa ley pionera, iluminada e iluminante, inseparable del nombre de Julio Carrizosa Umaña, decano de decanos del ambientalismo en nuestro país.

No recuerdo tampoco quién puso en mis manos el primer ejemplar del boletín “SOS ECOLÓGICO” que me llegó y que publicaba un tal “Grupo Ecológico de la Universidad del Tolima”, todavía no en el papel amarillo y en el formato desplegable con que comenzó a publicarse después, sino en el formato convencional de las hojitas parroquiales, y con el mismo poder de comunicación y convicción que estas ejercen entre una feligresía ávida de información y orientación.

Una primera y rápida hojeada a ese boletín me permitió vislumbrar por dónde iba el camino que debía seguir. Seguramente no era una reflexión teórica sino la descripción de alguna situación concreta o de algún proceso comunitario que ya en ese momento estaba acompañando el Grupo Ecológico de la Universidad del Tolima, del cual un profesor Gonzalo Palomino figuraba como Coordinador.

Yo les escribí y al poco tiempo el cartero me trajo un sobre generoso con su contestación. Desde entonces Gonzalo se convirtió para mí en lo que después utilicé como título para un libro. Se convirtió en brújula, bastón y lámpara para trasegar los caminos del ambientalismo y de la educación ambiental.

Porque yo tengo la fortuna de ser uno de los miles de discípulos que tiene Gonzalo en este país. De él no solamente hemos aprendido y seguimos aprendiendo cómo funciona la Vida y cómo piensa la Tierra, sino especialmente cómo conversar directamente con la Vida y con la Tierra para que ellas mismas nos expresen, sin intermediarios, su manera de actuar y de pensar.

Y de Gonzalo hemos aprendido también cómo compartir nuestros aprendizajes, lo cual, expresado en palabras un poco más pretensiosas, quiere decir “cómo enseñar”.

Gonzalo nos enseñó a desafiar, sin caer en el mismo defecto, la arrogancia de quienes utilizan el conocimiento como forma autoritaria de poder; nos enseñó cómo lograr que la gente común reconozca y valore lo que sabe; cómo presentar de manera descarnada la realidad sin perder la confianza en que la Vida misma, si se lo permitimos, es capaz de encontrar el camino para su propia salvación.

En su artículo para el libro “Ecología de un Desastre” escrito tras la destrucción de Armero, del cual Gonzalo también es editor, aparece un buen ejemplo de esa manera desparpajada pero profunda que usa Gonzalo para abordar una investigación:

“Afirmamos que en los pueblos es muy fácil saber quién se come a quién, pero en el bosque se ignora. Pensamos que en la naturaleza unas poquísimas especies animales y vegetales nos son útiles y que el resto puede destruirse por cuanto ignoramos la función ecológica de cada especie. En la biosfera, después de miles de millones de años de adaptación y selección, todas las especies son necesarias, cada una desempeña un papel importante y, es más, son interdependientes entre sí.”

Muchos son los caminos que hemos transitado con Gonzalo: quizás uno de los más duros fue el relacionado con la destrucción de Armero, por el cual comenzamos a andar desde mucho antes de la anunciada erupción del Nevado del Ruiz en 1995.

Sea esta la oportunidad para mencionar al siempre presente Mario Echeverry Trujillo, maravilloso ser humano, ilustre tolimense, Director Regional del SENA en su departamento, y quien fuera pionero entusiasta y convencido de la introducción de la educación ambiental en el SENA como uno de los pilares indispensables de la formación profesional.

Y sea también la oportunidad para enviarle un saludo especial a Miguel Thomas también costeño y que, al igual que Gonzalo y para fortuna nuestra, quedó atrapado por el embrujo andino, aunque sin cortar sus raíces anfibias con sus ciénagas originarias. La última vez que caminamos juntos con Gonzalo y con Miguel fue en el “El Portal delOasis”, coincidencialmente en Ibagué. (En la foto de arriba, con el doctor Alberto Núñez)

Quiero llamar la atención sobre el hecho de que ese proceso que hoy conocemos como cambio climático y del cual todo el mundo habla, ya venía siendo advertido por Gonzalo Palomino desde hace 4 décadas cuando lo conocí. Y como es constante en todas las misiones que asume Gonzalo, no lo hacía meramente desde el punto de vista científico, sino con énfasis en sus implicaciones sociales:

“El mar va a subir de nivel”, nos advertía a los cachacos, “y como muchos territorios costeros se van a volver inhabitables, los costeños nos vamos a trasladar masivamente con nuestras grabadoras a las ciudades andinas.”

Sobre esa y otras advertencias que ha hecho la mirada visionaria –o digamos: “prospectiva”- de Gonzalo, se dijo muchas veces que era “terrorismo ecologista”, como todavía se dice hoy, y no solo de muchos pronósticos sino incluso de realidades tangibles que, a pesar de las evidencias, muchos se niegan a ver.

Gracias, pues hermano, por todo lo que has hecho y sigues haciendo por la Tierra y por toda esta hueste de “ambientalistas radicales” y militantes por la Vida que has inspirado y a la cual me honro en pertenecer.

Y felicitaciones y gracias a la Universidad del Tolima por la decisión de institucionalizar lo que siempre ha sido la vida de Gonzalo Palomino: una CÁTEDRA VITAL.
“SALE Y VALE”

Con el afecto de siempre,

Gustavo Wilches-Chaux
Bogotá-Ibagué, Abril 17 de 2015

sábado, abril 04, 2015

sábado, enero 31, 2015

CAIDA LIBRE, FASTER THAN LIGHT


Quién iba a pensar que en estas sillas que heredé de mi abuelo estaba el secreto del viaje a más velocidad que la de la luz

domingo, enero 25, 2015

AL OTRO LADO DEL CHARCO

¿Quién se anima a saltar?







En la Onda del Agua
Otras fotos de hoy

Yo ya había escrito antes sobre los charcos de Bogotá
Salten por AQUÍ

martes, enero 20, 2015

BOCHINCHES


 Vaca echada
Coincidencialmente la estrella que brilla sobre el lomo de la vaca es Aldebarán, el ojo del Toro (Tauro)

 
 
 
 Al fondo, Bogotá. La "estrella", un avión