sábado, marzo 22, 2008

Curso rápido de Nostalgia Avanzada: SAMACÁ

Señora, buenos días; señor, muy buenos días...
Decidme: ¿Es esta granja la que fue de Ricard?
¿No estuvo recatada bajo frondas umbrías,
no tuvo un naranjero, y un sauce y un palmar?

El viejo huertecillo de perfumadas grutas
donde íbamos... donde iban los niños a jugar,
¿no tiene ahora nidos y pájaros y frutas?
¿Señora, y quién recoge los gajos del pomar?

Decidme, ¿ha mucho tiempo que se arruinó el molino
y que perdió sus muros, su acequia, su pajar?
Las hierbas, ya crecidas, ocultan el camino.
¿De quién son esas fábricas? ¿Quién hizo puente real?

Parábola del Retorno
Porfirio Barba Jacob (1906)


Logotipo de la Compañía de Samacá

En 1929, cuando mi abuelo administraba la Fábrica de Hilados y Tejidos, mi papá nació allá, en Samacá. Más de treinta años después, mi papá regresó como administrador de esa misma fábrica y de las minas de carbón. Y allí, en 1961, transcurrió una de mis múltiples infancias (porque al contrario de “Don Fulgencio, el hombre que no tuvo infancia”, yo sí tuve varias: en Popayán, en Bogotá, en Bucaramanga, en Samacá, una segunda en Bogotá).

LA TINTORERÍA. Mi abuelo -Gustavo Wilches Castro- es el primero de izquierda a derecha en el grupo de tres

Obreras de la fábrica (alrededor de 1929)

De Samacá conservo, sobre todo, recuerdos olfativos y sensaciones de piel. Solamente en 1986, cuando vivía en Great Milton, un pueblito inglés cercano a Oxford, me dí cuenta de que esa sensación que me ligaba a Samacá, era el olor a frío y a carbón.



Ayer, 21 de marzo de 2008, regresé por segunda vez después de que nos fuimos de allí a fines de 1961 o principios de 1962 (la primera vez que volví fue hace un poco menos de 20 años). Encontré los restos de la fábrica y las ruinas de la que fuera “la Casa de la Administración”. Materialmente recogiendo los pasos, recorrí (con Juan Carlos Isaza y con Charlie) sus corredores y lo que queda de las habitaciones, del patio interior y del jardín. Debo confesar que esperaba encontrarme algún fantasma: quizás el mío propio, como me sucedió en el Museo de las Atarazanas en Barcelona. No encontré ni fantasmas, ni esas sensaciones de piel, ni ese olor. Seguramente porque mi paso fue fugaz y porque en este casi medio siglo, el aire también se ha calentado en Samacá (y a lo mejor porque los fantasmas se toman el Viernes Santo).



Esta fue la misma casa en la que yo, cuando tenía 7 años, viví en Samacá, pero no donde nació mi papá. Esta última desapareció el 2 de noviembre de 1936, cuando (tiempo después de que mi abuelo y su familia se fueron de allá) el río Gachanaca rompió una presa, inundó el valle de Samacá, destruyó varias casas del pueblo y de la fábrica y causó la pérdida de por lo menos 200 vidas humanas. El agua volvió por lo suyo porque, según cuenta la historia, lo que hoy es el valle de Samacá era un gran lago (la Laguna de Camcicá), que desecaron los conquistadores españoles para poder cultivar.



Además de la "Parábola del Retorno", de Porfirio Barba Jacob, de la que tomo el epígrafe, recorriendo ese lugar me vino a la mente el siguiente poema de Luis Carlos López, que no solamente pinta la casa de manera perfecta (aunque sin lagartos) sino que expresa también la sensación que me quedó:


¡ Pobre casa de mis antepasados !...
si pudiera comprarte, si pudiera
restaurar tus balcones y tejados,
y por el caracol de tu escalera

subir a tus salones empolvados
para en tu soledad, casona austera,
revivir episodios olvidados,
teniendo en tu zaguán loro y portera…

Pero tú, caserón en esqueleto,
refugio de vampiros y lagartos,
donde penetra el sol hecho una brasa,

¡ qué sabes de las cuitas de un bisnieto,
de un bisnieto aburrido y sin dos cuartos,
que no puede comprarte, pobre casa !...



Muy acertadamente comenta Blanca Cecilia que es muy extraño que la vegetación no se haya apoderado del lugar. La casa está en ruinas, hay vidrios rotos y goteras y algo de humedad en los cielorrasos y los muros, pero salvo unas pocas bromelias en una canal, ni musgo ni otras plantas ni en los techos, ni en el interior. Tampoco vimos bichos, que en ese clima también los hay (a lo mejor por la hora -medio día- aunque adentro había mucha oscuridad). Como si algo hubiera esterilizado la casa.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Gustavo, y no te vino a tus recuerdos la canción que creo, a todos los colombianos nos enseñaban en la clase de música cuando hacíamos la primaria? Recuerdo, cuando niño, al profesor Pabón con su clavicordio entonando: "ya no vive nadie en ella, a la orilla del camino silenciosa está la casa..." Las acacias, hermano! Abrazo grande. Jaime Bonilla "pilín"

Osolano dijo...

Gustavo, increíble que Samacá forme parte integral de tu vida. Lo fue también de la mía, pero de manera también integral aunque totalmente indirecta. pero hoy completamente nostálgica después de encontrarme con tu blog de la visita a tu casa de Samacá. Fui asiduo visitante de la casa Perry Carrasco motivo Carolina, en el Antiguo Country de Bogotá, carrera 21 con 85, durante mis mejores tiros entre el 79 y el 82. Su padre, Roberto, ingeniero (fíjate), oriundo de Samacá, trabajó en las minas de carbón y además construyo el hotel Sochagota en Paipa. Para la época del romance con su hija menor ya estaba completamente retirado pues era un hombre que había nacido con el siglo pasado. Entonces aprendí de él que hubo una oleada de ingleses que llegaron a Samacá a establecerse allí y a echar a rodar sus familias. No en vano los aromas que percibías en el pueblito cercano a Oxford te evocaban a Samacá, fantástico, ves el nexo Inglaterra > Samacá? Y la cereza para este postre reminiscente: entre los apellidos ingleses que se instalaron en Samacá estaba el de Wittingham (ortografía por confirmar). Pues bien, cómo te parece que hubo por ahí un novillero llamado Guillermo Guitinga, "El Samaqueño". Te saluda Oscar Solano (corazondesolano@gmail.com).

Ivonne M dijo...

HOLA LLEGUE POR CASUALIDAD A ESTE BLOG SOY WITTINGHAM GRACIAS X EL COMENTARIO Y LO BIEN Q HABLAS DE MIS ANCESTROS Y FAMILIA. Y Q BUENO Q MENCIONAS INGLATERRA... YO ESCRIBI UN ARTICULO EN LA REVISTA DE SAMACA 456 AÑOS DEL AÑO PASADO POR SI TE INTERESA. OJALA ALGUN DIA NOS PODAMOS SENTAR Y TOMAR UN CAFE. TE CUENTO GUILLERMO WITTINGHAM ES MI PADRE Y EL SAMAQUEÑO ERA EFRAIN WITTINGHAM P. (QEPD) MI TIO...

Anónimo dijo...

HOLA LLEGUE POR CASUALIDAD A ESTE BLOG SOY WITTINGHAM GRACIAS X EL COMENTARIO Y LO BIEN Q HABLAS DE MIS ANCESTROS Y FAMILIA. Y Q BUENO Q MENCIONAS INGLATERRA... YO ESCRIBI UN ARTICULO EN LA REVISTA DE SAMACA 456 AÑOS DEL AÑO PASADO POR SI TE INTERESA. OJALA ALGUN DIA NOS PODAMOS SENTAR Y TOMAR UN CAFE. TE CUENTO GUILLERMO WITTINGHAM ES MI PADRE Y EL SAMAQUEÑO ERA EFRAIN WITTINGHAM P. (QEPD) MI TIO...